EPÍLOGO
Antes, el
famoso reino de Alak lo poseía todo. El reino con las tierras más
fértiles, más rico y más prospero. Los bosques más profundos
estaban surcado de todos lo gremios de las hadas curanderas, las
tierras más profundas de enanos mineros, los prados más verdes de
duendecillos tramposos y engañosos, las montañas de duendes
saqueadores, y los mares de sirenas, poseedoras de todo tipo de
tesoros, que solo salen a cazar durante la luna llena y nueva.
Todo esto
ocurrió cuando al reino llegaron una familia que poseía poderes
especiales, magia. Esa magia estaba llena de luz, paz y felicidad.
Usaron todo su poder para llevar la justicia y la fidelidad a todo el
reino. Se llamaban los Pacíficos. Durante siglos, el linaje de los
Pacíficos perduró, y reinó Alak durante siglos. Hasta que
apareció otro linaje de magos, los Violentos, que llevaron al reino
magia negra, oscuridad y guerras. Durante años, consiguieron
numerosos aliados, y se produjo una guerra entre los Pacíficos y los
Violentos.
Los
Pacíficos fueron derrotados por primera vez, y los Violentos tomaron
el mando del reino, y encerraron a los Pacíficos. Los humanos se
sumieron en una profunda oscuridad e injusticia. Pero hubo un joven
Violento, Gronian, que traicionó a su linaje.
Liberó a
los Pacíficos, y se enamoró de la joven Ayanila, algo totalmente
prohibido. Hubo una gran guerra, pero nadie ganó, los Violentos se
vieron obligados a huir a las montañas Nubladas, y los Pacíficos,
heridos en la mayoría, se escondieron con los enanos bajo tierra.
Ayanila y
Gronian fueron asesinados por traición, pero consiguieron esconder a
su hija recién nacida, a la que llamaron Elinara.
Pero, ¿qué
poder podría causar el fruto de un pacífico y de un Violento?